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El costo educativo de la guerra.

Era sábado por la mañana en Minab, una ciudad del sur de Irán y los padres llevaban a sus hijas a la escuela. Era un día regular, de esos que podrían ser llamados “normales”,  el tipo de experiencia que en cualquier parte del mundo representa una pequeña victoria contra la pobreza, la exclusión y el olvido: educación.


Ese sábado, 28 de febrero de 2026, dejó de ser un día normal. Esto porque en el primer día de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, un misil impactó la escuela de niñas Shajareh Tayyebeh tres veces. El techo colapsó sobre las alumnas. Según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OHCHR), al menos 165 niñas entre 7 y 12 años murieron. Otras 95 quedaron heridas. La UNESCO lo llamó "una grave violación del derecho a la educación."


No estamos ante cualquier tipo de daño, es uno brutalmente tangible. Estamos hablando de niñas con nombres, con cuadernos, con sueños que no pudieron terminar de escribir.

 

"Los niños en zonas de guerra enfrentan una lucha diaria por la supervivencia que los priva de su infancia. Sus escuelas son bombardeadas. Pierden no solo su seguridad, sino su oportunidad de aprender y simplemente ser niños."

— Catherine Russell, Directora Ejecutiva de UNICEF, diciembre de 2024

 

Lo que ocurrió en Minab no es una tragedia única o aislada. Es la repetición de un patrón que se reproduce en cada conflicto armado moderno, con una constancia que debería avergonzarnos como comunidad global. La pregunta no es si la guerra daña la educación. La pregunta —más incómoda— es: ¿por qué siempre daña más a quienes ya partían en desventaja y sus efectos son más duraderos en el largo plazo?


En Ucrania, desde la invasión rusa de febrero de 2022, más de 4 millones de niños han visto su educación interrumpida en algún grado. Según Save the Children, los ataques verificados a instalaciones educativas se duplicaron en 2024: 576 escuelas, kinder y universidades dañados o destruidos en un solo año, frente a 256 en 2023. Un tercio de los estudiantes ucranianos ya no aprende en aulas físicas porque el 11% lo hace exclusivamente por internet — si tiene acceso a una computadora y señal estable, condiciones que en zonas rurales y zonas de conflicto activo, no pueden darse por sentadas.


Un estudio PISA realizado ocho meses después del inicio de la guerra reveló que los estudiantes ucranianos ya mostraban una caída en aprendizaje equivalente a dos años perdidos. Dos años en tan solo ocho meses! O sea, cada día de conflicto equivale a 3 días de retroceso educativo. Esa brecha, que además de terrible es desesperante, no se recupera con una clase de nivelación, tiende a ser un problema estructural que requiere acciones cortas y a largo plazo.

 

52 millones niños en zonas de conflicto están fuera de la escuela

UNICEF, 2024 — datos previos al conflicto Irán 2026

 

Pero hay guerras que no ocupan portadas, que son menos mediáticas pero igual de perjudicial para la educación. Hay niños que pierden su derecho a la educación en silencio, sin streaming, sin mensajes hipócritas en los Premios Oscar, ni análisis geopolíticos en el prime time de Fox o CNN.


En Nigeria, -además de matar cristianos (y los medios en mute)-, grupos terroristas han convertido los secuestros de estudiantes en una táctica común. El informe Education Under Attack 2024 de la Coalición Global para Proteger la Educación de los Ataques (GCPEA) documentó que Nigeria, junto con Sudán y Afganistán, fue uno de los países donde aumentaron los casos de escuelas militarizadas — es decir, usadas como cuarteles o bases por grupos armados — entre 2022 y 2023. Cuando un ejército ocupa una escuela, deja de ser un lugar de aprendizaje, a veces para siempre y pasa a ser un lugar de tortura.


En Sudán, el conflicto entre el Ejército Nacional y las Fuerzas de Apoyo Rápido ha generado una de las crisis humanitarias más graves del mundo. UNICEF reportó que una parte significativa de los niños sudaneses ha perdido más de un año escolar completo. En Darfur del Norte, donde se declaró hambruna en 2024 — la primera desde 2017 — los niños no solo no van a la escuela: están muriendo de hambre. Y los estudiantes que no tienen ni para comer, menos les importará aprender. Es una verdad fisiológica antes que pedagógica.


Haití presenta un caso distinto pero igualmente devastador. El colapso del Estado ante las pandillas armadas ha cerrado escuelas en Puerto Príncipe y otras ciudades de forma indefinida. UNICEF documentó en 2024 un aumento del mil por ciento en incidentes de violencia sexual contra la niñez en el país. Esos niños y niñas, aunque sobrevivan, difícilmente regresarán a las aula porque su propio trauma, la pobreza, el desplazamiento y el miedo se combinan en una ecuación que la educación formal raramente sabe resolver.


 

De los 12.4 millones de niños refugiados en edad escolar, el 46% está fuera del sistema educativo. Nacen en conflicto, crecen en conflicto, y el mundo espera que de adultos construyan paz.

— UNHCR, Informe de Educación Refugiada 2025



Volviendo al Medio Oriente. El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, que cumple 35 días al momento de escribir estas líneas, ya tiene más de 600 escuelas y centros educativos dañados en Irán, según cifras del propio Ministerio de Relaciones Exteriores iraní citadas por Al Jazeera. Al menos 21 universidades han sufrido daños estructurales, según el Ministerio de Ciencias de Irán.


Adicionalmente, once mil estudiantes de Medio Oriente no pudieron presentar el examen SAT en marzo porque los centros de evaluación cerraron. Solo la mitad pudo recuperarlo semanas después. El resto espera. Y mientras espera, sus compañeros en países en paz siguieron avanzando. Esa distancia, esa brecha, medida en oportunidades, no se cierra fácilmente ni por arte de magia; se requieren políticas educativas contundentes y consensuadas.


En los Emiratos Árabes Unidos — el segundo hub de educación transnacional del mundo — universidades como NYU Abu Dabi y Georgetown Qatar cerraron indefinidamente o migraron a modalidad virtual. Son instituciones con recursos, con tecnología, con planes de contingencia. Pudieron adaptarse. Pero las niñas de Minab no tenían plan de contingencia. Nadie lo había previsto para ellas.

 

Hay algo que los informes militares no miden y que ningún parte de guerra incluye: el costo educativo acumulado de los conflictos. No se trata solo de escuelas destruidas que eventualmente se reconstruyen. Se trata de lo que ocurre en el intervalo — que a veces dura años.


Un niño que abandona la escuela a los 10 años por causa de un conflicto armado tiene estadísticamente menor probabilidad de reingresar al sistema educativo formal. Una niña desplazada enfrenta presiones adicionales — matrimonio temprano, afiliaciones con organizaciones criminales, inseguridad — que la alejan aún más del aula. Según el informe de UNHCR de 2025, el 46% de los niños refugiados en edad escolar está fuera de la escuela. No por falta de deseo de aprender sino por falta de condiciones para hacerlo.


Lo más injusto es que muchos de estos niños y niñas ya eran vulnerables antes de que comenzara la guerra. Vivían en países con sistemas educativos frágiles, con docentes mal pagados, con infraestructura insuficiente. La guerra no crea la vulnerabilidad desde cero. La toma, la súper amplifica y la vuelve casi imposible de revertir.


El GCPEA lo documentó con claridad: entre 2022 y 2023 hubo más de 1,000 reportes de escuelas y universidades militarizadas en 30 países. Cuando un espacio educativo se convierte en espacio militar, la comunidad que dependía de él pierde algo que va más allá de los muros: pierde el símbolo de que el futuro es posible. En pocas palabras es la oda a una comunidad, una región o país fallido.


 

Cuando un espacio educativo se convierte en espacio militar, la comunidad pierde algo más que los muros: pierde el símbolo de que el futuro es posible.

 

Desde San José, Costa Rica, este conflicto puede parecer muy lejano, que somos inmunes. Pero nos equivocamos. El petróleo que no fluye por el Estrecho de Ormuz encarece la energía que mueve nuestras escuelas. Los estudiantes internacionales que no pueden viajar reducen la diversidad de nuestras aulas y los presupuestos educativos que compiten con importaciones más caras de combustible tienen que enfrentar luchas desiguales en las prioridades de un Estado.


Pero más allá de lo económico, hay una responsabilidad intelectual y moral que los educadores no podemos evadir. Cada guerra que ocurre en el mundo es también una lección que nuestros estudiantes merecen recibir,  no como propaganda o adoctrinamiento de algún bando, sino como práctica de pensamiento crítico, como ejercicio de ciudadanía global, como recordatorio de que el aula no existe en una burbuja.


Enseñar sobre estas guerras es, en sí mismo, un acto educativo poderoso. Mostrar datos reales, fuentes verificadas, perspectivas múltiples. Preguntar: ¿quiénes pierden más cuando hay un conflicto? ¿Por qué? ¿Qué podemos hacer? Esas preguntas no tienen respuestas fáciles. Pero hacerlas es comenzar.


Las guerras terminan. Las negociaciones se firman, la charlatanería, las amenazas, los misiles se detienen, los dirigentes se sientan a la mesa. Y esperemos que sea lo más rápido posible. Pero los niños y niñas que perdieron años de escuela no recuperan ese tiempo con la firma de un armisticio. Los que aprendieron solo a sobrevivir durante la guerra necesitan décadas — y recursos que rara vez llegan — para aprender también a construir.


No importa quién tiene la razón en Irán. No importa quién comenzó en Ucrania. El terrorismo no puede reinar ni en Sudán, ni en Nigeria, ni en Haití, ni en ningún otro lado, así como tampoco la desesperanza debería apuñalar profundamente estas generaciones que son daños colaterales de intereses particulares. Porque los niños y niñas son el presente y el futuro de cualquier nación con derechos un educación de calidad.


Children at the playground
Children at the playground

Referencias


Al Jazeera. (3 de abril de 2026). Iran war: What is happening on day 35 of US-Israeli attacks.

Al Jazeera. (2 de marzo de 2026). Iran demands international action after attacks impact hospitals, schools.

GCPEA / Global Coalition to Protect Education from Attack. (2024). Education Under Attack 2024. ReliefWeb.

Inside Higher Ed. (31 de marzo de 2026). Iran Threats Against U.S. Institutions Lead to Closures.

OHCHR. (1 de marzo de 2026). UN experts strongly condemn deadly missile strike on girls' school in Iran. ohchr.org

Save the Children. (23 de enero de 2025). Attacks on education in Ukraine double in 2024. savethechildren.net

UNICEF. (28 de diciembre de 2024). Not the new normal – 2024 one of the worst years in UNICEF's history for children in conflict. unicef.org

UNICEF Ukraine. (1 de septiembre de 2025). 4.6 million children in Ukraine face ongoing educational barriers. unicef.org

UNESCO. (1 de marzo de 2026). Middle East: UNESCO calls to keep schools out of conflict. unesco.org

UNHCR. (2025). Five Takeaways from UNHCR's 2025 Education Report. unrefugees.org

World Bank. (25 de marzo de 2025). Learning and School Reforms Continue in Ukraine Despite War Challenges. worldbank.org

Wikipedia. (2026). 2026 Minab school attack. en.wikipedia.org



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